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sábado, 26 de febrero de 2011

Una luna, tres deseos, mil sueños... (por Matías Acosta)





Subir

es indispensable para volar...



Gracias Matías Acosta!!!
por la ilustración aniversario
por hacer que hoy,
brille La luna...





Gracias a todos los escritores e ilustradores
por volar
por ser parte indispensable de La luna naranja


Felices 3 añitos !!!


Coni Salgado
La luna naranja









martes, 20 de octubre de 2009

El equilibrista








El equilibrista vuela,

vuela el equilibrista.


Por el alambre camina,

por el alambre sueña.


De risas y aplausos vive,

con su alma de niño sueña.


Camina entre nubes y estrellas,

sobre el alambre, vuela.






Texto: Natalia Viana



Ilustración: Matías Acosta (Uruguay)



Gracias!!!

lunes, 19 de octubre de 2009

De la panza de mamá

una imagen, mil palabras...


a todas las mamás, en su día...




LLegó así: colgado de la panza de su mamá.
Después anduvo sujeto al hilo de un barrilete.
Más tarde giraba en el borde de la taza de té.
Un día lo vieron en la orilla de una gota de lluvia
o tal vez de lágrima.
Si mirás la luna cuando está completa
lo verás prendido como una estrellita azul.
Si te reís con mucha alegría en la panza
seguro te hará cosquillas en la boca.
Y cuando te duermas cuidará tus sueños
acunado en tu pestaña.




Argentina



Iustración: Matías Acosta
Uruguay



Gracias!!!

Desafío

una imagen, mil palabras...



Estrella que en equilibrio

quiso tocar a la luna.


Suave contorno humectado,

magnolia que ha despertado.


Proximidad perfumada

de caricia anacarada.


Fiel sutileza en el juego:

saltan la cuerda sin miedo.




Poesía : Cecilia Maurig

Argentina


Ilustración: Matías Acosta

Uruguay



Gracias!!!


sábado, 10 de octubre de 2009

Una sonrisa para Leopoldo

Una imagen, mil palabras...



Hay gente que viaja en autobús, en bicicletas, coches, motos o aviones. Una vez conocí a un señor que viajaba en su imaginación, sin maletas siquiera.

Yo creía que conocía todas las formas de ir de un lugar a otro, hasta que un día conocí a Leopoldo.


-Buenas tardes –me saludó un diminuto hombrecillo.

-Hola –respondí.

-¿Podría usted sonreír?

-¿Cómo, no creo haberle entendido?

-Es un favor que le pido… ¿Podría usted sonreír?

La verdad que me resultó muy gracioso lo que me pidió, así que sin ningún esfuerzo se dibujó una sonrisa en mi pálida cara.

El pequeño Leopoldo se deslizó por mi sonrisa de una punta a otra.

Salió disparado por los aires gritando:-¡Gracias!



Rubén García

Sevilla

España


Ilustración: Matías Acosta

Uruguay

Gracias!!!



viernes, 9 de octubre de 2009

Jugando al escribido


Una imagen, mil palabras...



¿Qué haces ahí solo y tan entretenido?
–Estoy muy concentrado jugando al
escribido.
–Esa palabra no existe, estás bien confundido.
–Sí existe y es un juego, para ti, desconocido.

–Enséñame si es fácil y juguemos un partido.
–Está bien, aprende, y verás que es divertido.
Primero haz un línea con el dibujo pulido
y ahora tú, amigo, continúa el recorrido.

–Tu fino trazo es bello y tanto se ha lucido,
que no sé qué poner en el espacio seguido
mejor hago rápido un señor bien vestido
¡qué sobresalto amigo! parece que se ha movido.

-Silencio, silencio, escuché un zumbido…
¡es que el pícaro hombre de la hoja se ha ido!
Mejor le dibujo un manubrio invertido
para que vuelva a la hoja y no quede escondido.

Aquí aparece el hombre, sin pasar inadvertido
¡qué feliz es volando, con la manivela sostenido!
va y viene por la hoja, siempre muy presumido,
pasa y nos saluda porque es muy agradecido.




Luna Blanco
Puerto Deseado
Santa Cruz
Argentina



Ilustración: Matías Acosta


Gracias!!!

miércoles, 7 de octubre de 2009

Una imagen, mil palabras...







Esta ilustración desea inspirar historias, poesías, cuentos, microrrelatos...
El autor de la obra es el ilustrador uruguayo Matías Acosta

Si te inspirás, envianos tu texto para publicar...
Este desafío se llama: ¨Una imagen, mil palabras¨
Están todos invitados a participar...

Bienvenidos una vez más a este espacio de arte y literatura infantil y juvenil...

Gracias!


Coni Salgado

La luna naranja

viernes, 22 de agosto de 2008

Peteco trabajador


Al ciempiés Peteco le gustaba mucho trabajar. Quería juntar dinero para comprarse botas amarillas. Soñaba con ellas todas las noches, las quería para presentarse en un concurso de zapateo. Se imaginaba ganándolo, porque nada sería más divertido que ver cien botas zapateando a la vez. Además, pensaba colocarles unas luces en la punta…¡Quedarían espectaculares! Pero…¿Cómo podría lograrlo? Necesitaba mucho bichi-dinero, de ése que servía para hacer las compras en BICHOLANDIA, el lugar donde vivían él y todos sus amigos.
Una mañana decidió ofrecer su trabajo en el periódico del lugar. Con sus cien patitas podría recorrer el teclado y en pocos minutos tendría la edición lista… Fue una idea brillante. El Ratón Felipe, dueño del periódico, se entusiasmó con ella y contrató a Peteco. Dos días al mes el ciempiés haría la tarea y las noticias estarían listas para ser leídas ¡Todo salió tan bien que Peteco recibió un montón de bichi-dinero!
El director, Don Topo Lector quedó muy conforme y le pagó con monedas redondas y doradas. Peteco las colocó en una bolsa, ya tenía algo ahorrado para alcanzar su sueño.
A los pocos días Ratón Felipe y Topo Lector le avisaron que lo andaba buscando el León, Rey de BICHOLANDIA.
-Mi palacio tiene los pisos opacos y sucios ¿ Los lustras Peteco?.Te pagaré veinte monedas doradas. ¡Estoy cansado del barro que dejan mis soldados cuando vuelven de las guerras!- le dijo el León cuando Peteco entró muy resuelto a una oficina del palacio que decía: Sala donde el Rey piensa.

El ciempiés estuvo muy feliz y conforme con la propuesta y comenzó a fregar. En un rato tuvo los pisos relucientes. Sus cien patitas han trabajado sin descanso. El Rey León se quedó admirado por el excelente trabajo y le pagó las veinte monedas doradas más diez plateadas. Además, los soldados perdieron las ganas de ir a la guerra y sólo querían bailar sobre ese piso tan espléndido. Como al Rey León las guerras lo tenían harto, le pareció mucho mejor que hubiera en su reino soldados bailarines a tener que andar por ahí peleando y rugiendo hasta quedarse afónico y lleno de moretones.
Por su parte, Leoncia, la princesita leona, vio el trabajo que había hecho el ciempiés y recordó que los espejos de su sala de las muñecas hacía rato que estaban empañados. Cuando iban sus amigas a jugar todo parecía un mundo de niebla y en lugar de alegrarse por estar juntas, se sentían tristes…
Peteco se ató cien trozos de tela a sus patitas y lustró los espejos para arriba y para abajo. ¡No podía permitir que Leoncia y sus amigas no pudiesen jugar con alegría!
La sala de las muñecas quedó radiante, como si el sol viviese allí. Es que las cien patitas de Peteco eran no sólo rápidas sino mágicas también. Leoncia y sus amigas recuperaron sus deseos de jugar y divertirse. Tanto, que hasta hicieron travesuras tales como usar el cetro del Rey para cantar y bailar una polka y su corona para embellecer Perlita Perlina, la gata de peluche.
El Rey, agradecido, le pagó a Peteco treinta monedas doradas y veinte monedas plateadas.¡¡Era muchísimo!!
De paso para su casa, Peteco se colocó sobre un hilo de agua como un puente. Así sus compañeras las hormigas pudieron cruzar.¡Había llovido y no podían volver a su hormiguero! Ellas le regalaron una flor amarilla, muy agradecidas. Era todo lo que tenían, pero querían recompensar su atención.
Llegó la noche del concurso… el ciempiés lució sus cien botas amarillas y la flor que le regalaron las hormigas en el sombrero. ¡Además, no solamente pudo colocar luces en las puntas de las botas sino que también le colocó cascabeles en los talones! Zapateó tan bien que ganó el campeonato. El Rey León y su hija Leoncia le entregaron el trofeo. Don Topo le sacó fotos para un reportaje en el periódico y Don Ratón lo felicitó muy emocionado. Las hormigas aplaudieron como locas y toda BICHOLANDIA también. Peteco quedó súper feliz… ya estaba listo para comenzar a soñar con el campeonato del año siguiente y sabía cómo hacer para llegar a él tan bien vestido y acompañado como la primera vez.

Texto : María Alicia Esain©2006

Ilustración : Matías Acosta