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lunes, 15 de noviembre de 2010

Osote poderoso








Osote Poderoso es un gran oso marrón. Tiene brazos y piernas fuertes. Cuando cierra sus puños parece que hará temblar al mundo. Cuida muy bien a su familia. A nadie tiene miedo, pero muchos le temen…

-¡Soy Osote Poderoso!- dice cada mañana al desperezarse. Los animales del bosque corren a esconderse.

Unas abejas que viven cerca del rosal son egoístas. ¡Nada de su miel es para los vecinos!

-¡Buenos días! ¡Soy Osote Poderoso!- las saluda el oso -Por favor, ¿tendrían un poco de miel para mi abuela, que está muy resfriada?

-¡Cómo no! –le contestan ellas y lo ven tan grande y fuerte que sin chistar le alcanzan un frasco.

Al picaflor que tiene su nido en un ceibo, los tordos quieren destruírselo. Como son demasiado grandes, no caben en él. Tampoco desean que el pobre pajarito esté tranquilo.

-¡Soy Osote Poderoso!- les grita el oso, mostrándoles su puño cerrado. A los tordos, las plumas negras se les vuelven blancas del susto. Se van lejos, a buscar otro lugar donde ningún oso les impida robar nidos.

Las hormigas han salido hoy a juntar alimento. Dejan pelado a un rosal que queda con ganas de llorar.

Fuera de aquí! ¡Soy Osote Poderoso!- las echa el grandote. Salva a los demás rosales y consuela al que quedó deshojado:

-¡No te aflijas! Te cuidaré hasta que brotes nuevamente.

Llegan unos niños con una gomera. Piensan tirarles piedras a las palomas. Se preparan. Cuando están por comenzar, escuchan un vozarrón que exclama:

-¡Soy Osote Poderoso! Donde yo estoy las palomas viven felices y ningún niño les tira piedras.-agita su puño con fuerza… -¡Adiós, adiós gomera!

-¡Soy Osote Poderoso!- saluda con el puño a un avión que va pasando El avión hace demasiado ruido. El aviador lo ve y avisa por radio:

-¡Ya regreso! Hay un oso enorme que me hace señas. Veo que no le gusta de mi avión. Me parece que está muy enojado…- y se va a hacer ruido con sus motores, a otra parte.

-¡Soy Osote Poderoso! Tengo mucho sueño y me voy a dormir- dice el gran oso. Se pone sus pijamas, toma un vaso de leche y se mete en la cama.

Al día siguiente, sus vecinos lo despiertan con una canción. También cuelgan un pasacalles lo saluda:


¡GRACIAS, OSOTE PODEROSO, POR SER TAN BONDADOSO!







Texto: María Alicia Esain (Argentina)



Ilustración: Sandra Becchia (Argentina)



miércoles, 5 de mayo de 2010

El monstruo arrepollado - Dos imágenes, mil palabras...























































Esa mañana, la lechuza Córcholis se despertó temprano y de muy mal humor. La noche anterior había andado de guitarreada. Cuando llegó a su casa, en el hueco del ceibo, a la orilla de la laguna, a la izuierda del tercer sauce llorón, se sacó las botas, colgó la guitarra y se acostó a dormir. Al poco rato, la despertaron los gritos de lo teros:

¡Peligro feo! ¡Peligro feo! ¡Cuiden los nidos, anda un monstruo verde y fiero! Córcholis abrió un ojo, luego el otros y vio que el señor tero y la señora tera se iban volando y a los gritos para el lado del puente. Como siempre, gritaban por un lado y por el otro, escondían los huevos… ¡Nadie los descubriría!

-¡Chist!¡Chist!¿Por qué preocuparse, entonces?- pensó la lechuza y comenzó a prepararse unos mates…

En eso estaba, cuando escuchó a los patos silbones venir gritando y asustados.

-¡Peligro feo! ¡Peligro feo! ¡Cuiden los nidos, anda un monstruo verde y fiero!

-¡Chist!¡Chist! El caldo se está poniendo espeso, - pensó Córcholis- los patos nunca andan haciendo ruido tan temprano. Siempre silban de noche, cuando se van por ahí…

-¡Nos revolvieron el nido, Córcholis!¡Menos mal que todavía no había huevos en él, si no, ¡chau, pichones!- continuaron el señor pato y la señora pata.

La lechuza, sintiendo que los mates se le ponían demasiado amargos y que la guitarreada la había dejado agotadísima, se preguntó:

--¡Chist! ¡Chist!¿Quién será ese monstruo verde y fiero? ¿Cómo se anima a venir a molestar por aquí? ¿No sabe que yo cuido todo esto y esta noche lo puedo castigar?

Mientras ella se disponía a ver qué pasaba, fue acomodando su cueva y mirando los estantes de su cocina. Sí, tenía todo lo necesario: té de espinas pinchudas y ajos al caramelo…Haría con ellos una bebida poderosa y mágica. Cuando apareciese ese monstruo verde y fiero, se lo daría a tomar y lo transformaría en pollo pelado… ¡No le quedarían ganas de asustar y revolver los nidos!

De ese modo iba pensando la lechuza, cuando llegaron las tortugas de agua. Habían salido temprano, era casi el mediodía. Apenas habían logrado arrimarse a la cueva de Córcholis.

- ¡Peligro feo! ¡Peligro feo! ¡Cuiden los nidos, anda un monstruo verde y fiero! ¡A nosotras nos dio vueltas y nos dejó pataleando!

-¡Chist! ¡Chist! ¿Qué les pasa muchachas? ¿Por qué tan apuradas?

-Nos encontramos con ese monstruo verde y fiero que anda haciendo desastres. Nos dejó patitas para arriba y se fue corriendo… ¡Nos dio un trabajo loco volver a pararnos para caminar! Estábamos lejos de la orilla ¡Imposible nadar!-respondieron don tortugo y doña tortuga.

-¡Chist! ¡Chist! Mala cosa lo que cuentan…Cuando anochezca, me ocuparé. Antes, no. El médico me ha dicho que me cuide del sol.

A la tardecita, la lechuza Córcholis cumplió su palabra. Salió de la cueva, vio que el juncal se movía sin viento y fue para allá… ¡Ahí estaba el monstruo verde y fiero! Era muy extraño: Tenía brazos, piernas y estaba cubierto por repollitos de agua de la cabeza a los pies …

-¡Chist! ¡Chist! Ojito, monstruo, no te hagas el vivo. Mirá que te doy té de espinas pinchudas y ajos al caramelo. Con él te transformaré en pollo pelado. Este lugar es de todos. Vivimos tranquilos y felices, no necesitamos que nadie venga a revolver y molestar.

-¡Córcholis! ¡Córcholis! ¡Perdón! Soy Florencio el Travieso. Me dieron ganas de divertirme. Ahora me doy cuenta de que estaba molestando a los animales. ¡No me des ese asqueroso té! ¡No quiero ser un pollo pelado!-exclamó Florencio, lleno de vergüenza.

-¡Chist! ¡Chist! Está bien, pero deberás reparar el daño hecho. ¿Qué te parece si pintás unos carteles? ¿Además, cantarás conmigo el sábado a la noche?

-¡Sí! Lo que me pidas, Córcholis! – le contestó Florencio, el Travieso- Eso es más divertido que asustar animales…¿Me puedo dejar el disfraz?.

Fue así que la laguna se llenó de bonitos carteles que decían:



LOS ANIMALES SON SUS AMIGOS,

POR FAVOR, NO LOS MOLESTE.




El sábado a la noche, la lechuza Córcholis, acompañada de Florencio Repollito, el nuevo amigo de los bichos de la laguna, cantó milongas, huellas, cielitos y triunfos para todos los turistas.

Como los llenaron de aplausos, ella quedó satisfecha. ¿Florencio? Muy feliz con su nuevo nombre y su trabajo de pintor cantor.






Cuento: María Alicia Esain



Inspirado en ilustraciones del artista Juan Carlos Chaves




viernes, 18 de diciembre de 2009

El guardián de la Navidad - por María Alicia Esain



En la plaza de mi pueblo

hay un alto y viejo pino

que cobija a los gorriones

cuando los persigue el frío.


Al llegar la primavera,

ellos se van de paseo

y el viejo árbol se siente

solo, triste, pobre y feo…


Mas cuando asoma el verano,

renace la maravilla,

porque él se llena de luces

rojas, blancas, amarillas.


Y se viste con guirnaldas

al son de los villancicos...

¡El pino es bello y feliz,

pues le hacen ronda los chicos!


Viejo dueño de mi plaza,

guardián de la Navidad…

¡Que ella traiga para todos

un mundo de Amor y Paz!





Gracias Alicia!!!




martes, 11 de noviembre de 2008

La vaca Paca
































¿Cómo hará la vaca Paca,
cómo hará para aprender?
La escritura la preocupa…
¡Tampoco sabe leer!

De espaldas al pizarrón,
calladita se ha quedado.
¡Tan enorme es su problema,
que ni MU se le ha escapado!

Por el suelo andan las tizas:
una azul, otra amarilla,
otra roja, otra muy blanca…
¡Esto no es cosa sencilla!

Para empezar la tarea,
muy bien se había preparado…
Se puso su guardapolvos,
sus zapatos colorados…

De repente la trastorna
un libro con una A…
¡Qué miedo que tiene ella,
no sabe qué pasará!

¡Qué gran susto, qué delirio!
¡Pobre la vaquita Paca!
¿Tendrá que pedir ayuda
a la vaca de Humahuaca?




Ilustración : Nora Hilb (Argentina)

Poesía : María Alicia Esain (Argentina)


Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Poesía creada a partir de una ilustración



viernes, 22 de agosto de 2008

Peteco trabajador


Al ciempiés Peteco le gustaba mucho trabajar. Quería juntar dinero para comprarse botas amarillas. Soñaba con ellas todas las noches, las quería para presentarse en un concurso de zapateo. Se imaginaba ganándolo, porque nada sería más divertido que ver cien botas zapateando a la vez. Además, pensaba colocarles unas luces en la punta…¡Quedarían espectaculares! Pero…¿Cómo podría lograrlo? Necesitaba mucho bichi-dinero, de ése que servía para hacer las compras en BICHOLANDIA, el lugar donde vivían él y todos sus amigos.
Una mañana decidió ofrecer su trabajo en el periódico del lugar. Con sus cien patitas podría recorrer el teclado y en pocos minutos tendría la edición lista… Fue una idea brillante. El Ratón Felipe, dueño del periódico, se entusiasmó con ella y contrató a Peteco. Dos días al mes el ciempiés haría la tarea y las noticias estarían listas para ser leídas ¡Todo salió tan bien que Peteco recibió un montón de bichi-dinero!
El director, Don Topo Lector quedó muy conforme y le pagó con monedas redondas y doradas. Peteco las colocó en una bolsa, ya tenía algo ahorrado para alcanzar su sueño.
A los pocos días Ratón Felipe y Topo Lector le avisaron que lo andaba buscando el León, Rey de BICHOLANDIA.
-Mi palacio tiene los pisos opacos y sucios ¿ Los lustras Peteco?.Te pagaré veinte monedas doradas. ¡Estoy cansado del barro que dejan mis soldados cuando vuelven de las guerras!- le dijo el León cuando Peteco entró muy resuelto a una oficina del palacio que decía: Sala donde el Rey piensa.

El ciempiés estuvo muy feliz y conforme con la propuesta y comenzó a fregar. En un rato tuvo los pisos relucientes. Sus cien patitas han trabajado sin descanso. El Rey León se quedó admirado por el excelente trabajo y le pagó las veinte monedas doradas más diez plateadas. Además, los soldados perdieron las ganas de ir a la guerra y sólo querían bailar sobre ese piso tan espléndido. Como al Rey León las guerras lo tenían harto, le pareció mucho mejor que hubiera en su reino soldados bailarines a tener que andar por ahí peleando y rugiendo hasta quedarse afónico y lleno de moretones.
Por su parte, Leoncia, la princesita leona, vio el trabajo que había hecho el ciempiés y recordó que los espejos de su sala de las muñecas hacía rato que estaban empañados. Cuando iban sus amigas a jugar todo parecía un mundo de niebla y en lugar de alegrarse por estar juntas, se sentían tristes…
Peteco se ató cien trozos de tela a sus patitas y lustró los espejos para arriba y para abajo. ¡No podía permitir que Leoncia y sus amigas no pudiesen jugar con alegría!
La sala de las muñecas quedó radiante, como si el sol viviese allí. Es que las cien patitas de Peteco eran no sólo rápidas sino mágicas también. Leoncia y sus amigas recuperaron sus deseos de jugar y divertirse. Tanto, que hasta hicieron travesuras tales como usar el cetro del Rey para cantar y bailar una polka y su corona para embellecer Perlita Perlina, la gata de peluche.
El Rey, agradecido, le pagó a Peteco treinta monedas doradas y veinte monedas plateadas.¡¡Era muchísimo!!
De paso para su casa, Peteco se colocó sobre un hilo de agua como un puente. Así sus compañeras las hormigas pudieron cruzar.¡Había llovido y no podían volver a su hormiguero! Ellas le regalaron una flor amarilla, muy agradecidas. Era todo lo que tenían, pero querían recompensar su atención.
Llegó la noche del concurso… el ciempiés lució sus cien botas amarillas y la flor que le regalaron las hormigas en el sombrero. ¡Además, no solamente pudo colocar luces en las puntas de las botas sino que también le colocó cascabeles en los talones! Zapateó tan bien que ganó el campeonato. El Rey León y su hija Leoncia le entregaron el trofeo. Don Topo le sacó fotos para un reportaje en el periódico y Don Ratón lo felicitó muy emocionado. Las hormigas aplaudieron como locas y toda BICHOLANDIA también. Peteco quedó súper feliz… ya estaba listo para comenzar a soñar con el campeonato del año siguiente y sabía cómo hacer para llegar a él tan bien vestido y acompañado como la primera vez.

Texto : María Alicia Esain©2006

Ilustración : Matías Acosta

viernes, 27 de junio de 2008

Coquí Coquí


El coro de las ranas estaba listo. Esa noche, cuando saliera la luna, estrenarían sus canciones de verano. Sarita, la rana profesora, comenzó el último ensayo…¿Qué estaba pasando? Un montón de animales marrones, parecidos a las ranas y con corbatas, se metían entre las demás, diciendo:
-Coquí, coquí, queremos cantar aquí.
-Éste no es lugar para ustedes, éste es el coro de las ranas verdes- dijo Sarita asustada- justo en el momento que más ranas marrones, pero con una flor en la cabeza, también decían:
-Coquí, coquí, queremos cantar aquí.
-Éste no es lugar para ustedes, éste es el coro de las ranas verdes- repitió la rana profesora y dio orden de empezar el ensayo.
Fue entonces que las canciones salieron mejor que nunca. Los raras ranas marrones cantaban con las demás y lo hacían maravillosamente y …desobedeciendo a Sarita. Ella, enojada, les dijo:
-Aquí mando yo.
-Eso es muy cierto, eso es verdad. Llamamos chicas con un co-co - dijeron los de corbata.
-Y si algún otro quiere venir, nos avisamos con un quí, quí.- continuaron, apoyados y aplaudidos por las chicas de la flor en la cabeza.
¿Qué podía hacer la rana? Si las echaba, se perdía un éxito y si los dejaba, su autoridad no se respetaría. Menos mal que llegó Rosita, la rana vieja y sabia y le dio un consejo al oído…
Entonces Sarita decidió:

-Si ustedes quieren cantar, quiénes son, de dónde vienen, me lo deben explicar.
Los bichos marrones, enseguida le entonaron a coro:
-No tenemos plumas ni picos, somos ranitas de Puerto Rico.
-Cantamos bien todas las canciones, somos las bellas ranas marrones-concluyeron.
Rosita entonces quedó satisfecha con la explicación…Ahora podía darles permiso para participar.
Esa noche, el sapo locutor anunció:

-GRAN ACTUACIÓN DEL CORO DE RANITAS VERDES Y SUS AMIGAS, LAS COQUÍES DE PUERTO RICO.
Salió el coro completo, formado por las simples ranas verdes de laguna y sus nuevas amigas. Para distinguir los señores ranas de la las señoras ranas, ellos se pusieron sombrero de copa y ellas un moño violeta. Con las corbatas rojas y las flores amarillas de las coquíes hicieron un conjunto espectacular. Tanto como las canciones que cantaron.
La luna y las estrellas escucharon con asombro tan bellas canciones y como hacía falta agua, para que todos tomaran y los botes pudieran navegar, llamaron a las nubes de tormenta.
Esa noche, luego del concierto, cayó una lluvia mansa, pero no muy abundante. Por la mañana salió el sol. Plantas y animales, recién lavados, lucían espléndidos. Además, todos encantados con el concierto coral de las ranas verdes y marrones. Pidieron a Sarita que lo repitiera y a la noche siguiente la función se repitió...¡Salió todavía mejor!¡Cómo aplaudieron todos! El coro tuvo que firmarles autógrafos a los admiradores y por suerte, nuevamente cayó la lluvia mansa…
El peligro de sequía se fue lejos y un montón de niños pudieron jugar sobre el césped limpio, andar en bote y saludar a las ranas ¡Fue un verano inolvidable!


Cuento : María Alicia Esain

Ilustración: Teresa Ramos Chano

martes, 18 de marzo de 2008

La Ballena


La ballena elige el hielo
porque nunca tiene miedo.

¡Es enorme su tamaño
y pasea todo el año!

Pero nunca viaja sola
cuando nada entre las olas.

¡De sus crías tan hermosas
es la mamá cariñosa!

Lanza un chorro su nariz
para avisar que está aquí.

Si la quieren atrapar
se hunde hasta el fondo del mar.


MARÍA ALICIA ESAIN©2006