
Un día de lluvia y tormenta Valentina empezó a caminar por la vereda. Era otoño y las hojas naranjas, amarillas y marrones estaban estancadas en la alcantarilla. Valentina siguió, siguió y siguió caminando, entonces llegó a un cementerio. Entró al cementerio y caminó un buen rato hasta que vio un gato negro. Lo siguió hasta que llegaron a una casa que estaba adentro del cementerio. Entró a la casa y no se dio cuenta de que decía: ¨Mansión Embrujada, no entre o morirá al instante¨
Recorrió la casa casi entera, solo le faltaba recorrer las habitaciones de arriba y el sótano de la casa. Pasó que escuchó ruidos... de repente apareció un fantasma.
_¿Quién eres?_ dijo el fantasma.
_ Me llamo Valentina_ ¿Eres humano no?¿o un duende crecido?
_ No, soy humano.
_ Entiendo
_¿Qué es esa cosa negra?
_ Es un gato. Lo encontré y me llevó a esta casa.
_ ¿Quieres que te muestre la casa?
_ No, ya la recorrí, pero me falta ver las habitaciones de arriba y el sótano.
_ Ah, bueno. Entonces te muestro el sótano.
Y Valentina y el fantasma recorrieron toda la casa, hasta que llegaron al sótano y el fantasma le dijo:
_ ¿Quieres comer algo?
_No, no puedo, tengo que ir a mi casa; mi mamá y mi papá estarán preocupados.
El fantasma no le dijo nada y se fue a otro lado. Después Valentina escuchó ruidos de cadenas que se rompían. Fue hasta la puerta a ver qué era ese ruido. Se dio cuenta de que era un gigante. Cuando lo vio salió corriendo, agarró al gato y corrió como le permitían sus piernas. Llegó al final del cementerio y corrió a su casa.
Le contó a sus papás y dijeron que era una mentira.