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martes, 22 de marzo de 2011

Pañuelito blanco






Sí, yo vivía en un cajón de la cómoda de la abuela Amelia. Sin saber qué hacer, siempre doblado, perfumado. Pero nadie me usaba ¿por qué? Porque ser un pañuelo color blanco para el cuello o la cabeza es una gran pesadilla. Imagínate cuando alguien en la casa quiere estar lindo, elegante o encantador, elige otros pañuelos, el de flores, lunares o brillos. Pero no los culpo, es entendible: un pañuelo blanco no tiene demasiada gracia ¿no? En cambio los de otros colores... Ellos sí eran afortunados, salían de tanto en tanto y cuando volvían, pasaban semanas contando las aventuras vividas.


Una mañana Amelia me tomó y fichhhhhh... caí en una canasta repleta de sandwichitos, jugo y galletitas...


-¡Ay, lo único que me falta es que me usen de servilleta – pensé.


Fuimos a buscar a Luz, su nieta. Una beba tan gorda como un pan redondo. Tenía un chupete colgado de su saco de lana rosa. Llegamos a una plaza.


- Luz, Lucesita, mirá a la abuela que te saca una foto - y la beba sólo seguía en su historia.


¿Para qué me habrá traído a mí?, me preguntaba, todavía dentro de la asfixiante canasta de mimbre.

Hasta que Amelia me dobló como un triángulo y "plic" fui a parar a la cabeza de Luz. Ahí sí que me sentí a gusto, el sol hacía un arco iris en mí y el aroma a jazmines de la beba me fascinaba.

Después de esa tarde, me lavaron, perfumaron y me plancharon y "fichhhhhh" nuevamente me deslicé hasta el cajón de la cómoda.


Pasaron semanas, meses y nada... nadie me ayudaba a salir de allí. Comprobaba como día a día, el olor a humedad se acentuaba. Qué deteriorados estábamos todos. Hasta ése pañuelo de lunares rojos, que vociferaba con voz grave y fuerte:


- "vamos, no teman, luchen, no se detengan"- ya estaba amarillento y resquebrajado. Yo me iba salvando porque me corría silenciosa y lentamente, detrás de un destello tibio de sol, que se colaba por un agujero de la madera del mueble.

Del afuera se oían risas, algarabía... ¿goles? Sí. Parece que jugaban al fútbol, cerca de la casa de Amelia. ¡Con lo que a mí me gustaba ir a la cancha!

Ya estábamos tan desesperados con el encierro, que mis amigos (otros Pañuelos) se alegraban gritando:


- Gooolll -¿te das cuenta? Su única alegría era esa. Parece mentira ¿no? ¡Y otros necesitan tanto para ser felices!


De vez en cuando, volvían mis fuerzas y comenzaba a pedir ayuda:


-¡¡Por favor, sáquenme de aquí, es horripilante estar a oscuras!! ¡Me ahogo! ¡¡¡Quiero ver la claridad, el verde de la plaza!!! – pero... nadie me oía. Temblaba, subía, me estiraba, lloraba. Haciéndome un bollito, escondido en el rincón más frío, seguí esperando... ¿quién sabría de mi sufrimiento? ¿Alguien me estaría buscando?


Ya no recuerdo cuánto tiempo pasó, cuando... se abrió el cajón.


-ACÁ ESTÁ- Amelia me acariciaba con sus manos temblorosas, sus lágrimas me iban humedeciendo y yo pensé:


-¡¡Uy!! Ahora sí estoy frito, la abuela me usa para limpiarse los mocos - pero no, me estrujó entre sus manos con tanta esperanza que me encantó el apretón.


La tarde que dimos una vuelta a la plaza, pude ver otros pañuelos.


- Ja, todos blancos, sobre cabezas de mujeres, parece que es la moda o... ¿Están todas locas? ¿Ya no le gustan más los colores? ¿Seremos más calentitos? - una y mil preguntas me hice. Pero sin respuesta.

Desde ese momento siempre me localizaban cubriendo la cabeza de Amelia. A veces el sol era demasiado fuerte, otras la lluvia muy dolorosa, finita, constante. Vi, los mismos árboles sin hojas como en veinte otoños. Vueltas y vueltas y más vueltas a la plaza. Tantas, que los cabellos de estas señoras caminantes se fueron volviendo indefectiblemente plateados. Aunque no podía quejarme, dado que lograba salir todas las semanas.


¿Conocen la primavera? ¿Sí? Los brotes de las plantas se asoman. Rojos, naranjas y amarillos aparecen entre los verdes intensos de las hojas recién nacidas. Los pichones comienzan su voladora vida, el viento es una brisa. Todo se convierte. Los aromas envolventes de las mentas, tilos, manzanillas, lavandas, refrescan, tranquilizan, limpian. Todo renace.


En septiembre en Argentina, precisamente el 21, que era miércoles, Amelia me lució especialmente. Fuimos al aeropuerto y por una de las enormes entradas transparentes apareció una muchacha, con la cara redonda como una media luna de manteca. Su mirada se encontró con la de Amelia (no con la mía, yo no tengo ojos, acordate que soy un pañuelo). Un abrazo fundidor hizo maravillas. Ahí volé... sí, les dije que en primavera muchos vuelan. En realidad mi dueña hizo con sus manos fuertes que yo me deslizara: me enrolló y fui a parar al cuello de Luz ¿Qué Luz? ¿Se acuerdan de la beba? Luz era esa beba ahora hecha una mujercita, la descubrí por ese perfume a jazmín en la piel, ¡¡¡nos reencontramos los tres!!!


Y prometimos NUNCA MÁS separarnos.




Texto: Patricia Iglesias Torres



Ilustración: Mechuk






Este emocionante texto es una expresión artística, dulce y nostálgica

que refleja una de las miles de historias de vida que sucedieron durante aquellos años...


Un pasado triste que Patricia supo transformar en exquisita literatura...


Dedicado con respeto y amor, a las Madres, a los Padres, a los Hijos, a los Nietos , a los Hermanos, Abuelos, Sobrinos, Tíos, Amigos

y a todas las familias argentinas

que fueron distanciadas por la dictadura...



Porque la identidad es un derecho

al origen y a la vida...








24 de marzo

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia










miércoles, 30 de diciembre de 2009

Una noche iluminada - por Patricia Iglesias Torres


En el pueblo de “casi nunca pasa nada”, se preparaban para el primer concurso de “árboles de navidad”.Cada familia tenía que preparar un árbol distinto y creativo.
Un jurado de notables sería el encargado de elegir al ganador. Estaría compuesto por: Doña Josefina de Pupitre, la directora de la escuela número 20. Don Ramón Irrompible, dueño de la única juguetería de la zona y Joaquín Quintas Verdes, especialista en árboles, arbustos y otras especies. El premio era una canasta de nueces, pasas de uvas, caramelos, garrapiñadas y pan dulce.

Durante la última semana de diciembre, nadie hablaba en el pueblo. Ni siquiera se miraban. Cada uno estaba pensando de qué manera hacer el árbol de navidad para ganar el concurso. La familia Nada de Nada era la única que seguía su vida normalmente, saludando a los vecinos como siempre. Aunque no recibían contestación alguna, no dejaron de hacerlo ni un solo día. Los papás Nada de Nada, soñaban con tener un árbol especial y darle una sorpresa a sus hijos. Pero no sabían cómo, pues tenían muy poca plata y estaban tan cansados de trabajar todo el día, que se dormían antes de que la palabra navidad terminara de sonar en sus cabezas. Durante todo ese mes vieron a la mamá de los Demasiado de Mucho comprando guirnaldas, bombitas de colores, lamparitas y estrellas de todos los tamaños.
-Hasta compraron un árbol que parece nevado-decía la Sra. Nada de Nada, cerrando los ojos y agachando la cabeza-creo que nunca podremos ganar.
-Ya se nos va a ocurrir una manera de conseguir nuestro árbol, no te preocupes- le contestaba su esposo.
Llegó la noche de navidad. La reunión de todos los participantes del concurso fue en el club: “Gano yo”.Desde ahí y en compañía del Honorable Jurado saldrían a recorrer casa por casa para ver y clasificar los árboles de navidad.
La familia Miñoncito, pasteleros del lugar, mostró su árbol de panqueques.

-¿A dónde lo compraron? - preguntó el papá de los Demasiado de Mucho.
-¡Podríamos comer durante un mes entero!-opinó el papá de los Nada de Nada.
-Tanto dulce daña los dientes- afirmó Doña Josefina de Pupitre.
-Comerlo dará horas de entretenimiento y diversión- Dijo Don Ramón Irrompible.
Obtuvieron un buen puntaje por la deliciosa idea.
La familia Crochet, dueña de la mercería, había hecho un árbol tejido, largo como el patio de atrás.
-¡Qué linda lana para tejer sacos a los chicos!– dijo la mamá de los Nada de Nada.
-Yo tengo una bufanda del mismo color- opinó la mamá de los Demasiado de Mucho.
-Podría estar un poco más prolijo, más derechito el punto- aseveró la señora de Pupitre.
-Una variedad de planta interesante- consideró Joaquín Quintas Verdes.
-Es muy novedoso el material ¿es tóxico?- preguntó don Irrompible, el juguetero.

El puntaje para el árbol de los Crochet no fue tan alto, porque se le destejieron algunos puntos que lo mostraban un poco desprolijo.
El árbol de los Demasiado de Mucho impactó. Tan resplandeciente y adornado que los tres miembros del jurado dijeron juntos: “¡Ah!” y se paralizaron en una mueca boquiabierta. El puntaje que le dieron fue altísimo. Casi ganadores, dirían todos.
Sólo faltaba el árbol de la casa de los Nada de Nada.
Cuando toda la comitiva entró, la mamá Nada de Nada dijo:

-Pasen señoras y señores. Acompáñenme. Está por aquí.
Todos la siguieron al jardín de la casa. Antes de abrir la puerta agregó:
-Nosotros, en realidad, el pino lo plantamos hace diez años, lo cuidamos siempre, aunque no fuera navidad, nos llevó tiempo de espera, diariamente lo regamos, en otoño barrimos las hojas secas, en invierno lo cuidamos de las plagas... creció con nuestros hijos, fue testigo silencioso de charlas familiares y nos acompañó en los atardeceres de verano con su sombra.
Para decorarlo recurrimos a nuestra fe y deseos.

Y ahí, en ese instante, toda la familia Nada cerró los ojos al mismo tiempo: una lluvia de brillitos plateados cayó desde lo alto.
Y allí estaba: un pino de casi 30 metros, miles de bichitos de luz tintineando en cada rama.
Los miembros del jurado elevaron la cabeza: ese árbol parecía no tener fin. Y justo, en ese mismo momento, como por arte de navidad, se apoyó en la punta la estrella más radiante del firmamento.
-Ahhhhhhhhhhhhh-suspiraron todos los vecinos al verlo.
-¿Cómo no lo vi en el supermercado?-dijo el papá de los Demasiado de Mucho
-Un kilo y dos pancitos- agregó el papá de los Miñoncito
-Sin duda, es el mejor árbol que vimos en todo el pueblo-dijo Ramón Irrompible.
-¡Esplendoroso y didáctico!-opinó la señorita de pupitre.
– ¡Un árbol verdadero!- gritó Joaquín Quintas Verdes.
- Por unanimidad: “El ganador”- afirmó el presidente del jurado.
La gente aplaudía sin parar.
El papá de los triunfadores, con la canasta de dulces en la mano, se subió a un banquito para ver a todos los vecinos y gritó:
-¡Amigos, los invito a compartir, con nosotros los Nada de nada, el sabroso premio, en esta noche iluminada!




Gracias Patri!!!


lunes, 17 de agosto de 2009

¿Quién vive?






¿Quién vive en el pueblo negro y fantasmal?

¿Algún vampiro tonto, sucio y desalmado?

o ¿el monstruo del río verde y el matorral?

¿Quién vive, en ese pueblo, enamorado?


En el de marrones y movedizas arenas.

Y algunos bichos distraídos y peludos.

Y arañas tejiendo trampas a la espera.

¿Quién está feliz en este mundo tan oscuro?


En el que todas las noches se oyen gritos.

En el de casas húmedas y arruinadas

y brujas coloradas, pendientes de los ritos.

¿Quién vive allí vendiendo limonada?


En el que traicioneras y sigilosas serpientes

se deslizan silenciosas entre piedras frías.

Con laberintos que confunden a la gente.

¿Quién sueña con su amada todo el día?


¿Quién vive en el pueblo negro y fantasmal?

¿Quién vive, en ese pueblo, enamorado?

¿Será un ser que no tiene espejos ni cristal?

O ¿un pequeño duende soñador y despistado?







Poesía: Patricia Iglesias Torres (Argentina)



Ilustración: Fernando Calvi (Argentina)




lunes, 20 de octubre de 2008

Susurros del cielo



Nadie sabe bien por qué
los sábados a la mañana,
dos pájaros de mi pueblo
se acercan a mi ventana.

Nadie sabe bien por qué
uno de ellos me acaricia,
suave susurro de cielo,
se siente como delicia.

Nadie sabe bien por qué
escucho su pensamiento
cien aleteos celestes
cuentos de brisa y de encuentro.

Nadie sabe bien por qué
me secretea al oído:
“La libertad no se vende
aunque te roben el nido”.

“La libertad no se compra
aunque te corten las alas.
La libertad está adentro
del corazón de las hadas”.

Nadie sabe bien por qué
los sábados a la mañana
cuando los veo llegar
el alma se me aliviana.

¿Será porque soy un ángel?
¿Será porque soy muy mala?
¿Será porque sueño y quiero?
O... ¿por ser muy charlatana?




Poesía : Patricia Iglesias Torres ( Argentina)

Ilustración : Marlowa ( Brazil)



Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Poesía creada a partir de una ilustración



domingo, 24 de agosto de 2008

Los que







Que no me baño,

que no me cepillo los dientes,

que tampoco me peino,

ni cuando vienen parientes.


Ya me tiene tan cansado

Con tantos “que” a mi lado.


Que no me gusta dar besos,

que soy muy desobediente,

que no me miro al espejo,

que parezco adolescente. 



Ya me tiene tan cansado

Con tantos “que” a mi lado.


Sí, soy un desaliñado.

Sí, un poco desvergonzado.

También un poco atrevido.

Con amigos, divertido. 



Ya me tiene tan cansado

Con tantos “que” a mi lado.


Por fijarse como soy,

lo que digo y lo que hago,

nadie se ha dado cuenta

que yo estoy enamorado.


Poema : Patricia Iglesias Torres

Ilustración : Mercedes Nassivera ¨Mechuk¨