
Era tan grande la casa que un día el niño simplemente desapareció. Lo buscamos en todas las habitaciones, recorrimos los largos pasillos, miramos en las terrazas, en los balcones; en las criptas y las catacumbas; incluso en los jardines que tan vivaces se extendían tras los muros. Al fin, pasadas varias noches, tal vez semanas, cesamos nuestra búsqueda infructuosa, resignados a la fatalidad.
Era tan grande la casa que años después, muchos años después, por una de las tantas escaleras, jugando con su pelota roja, el niño simplemente reapareció. Miró en nuestros ojos la vejez y las lágrimas, y sin desdibujar su sonrisa de niño, preguntó quién podía prepararle una taza de chocolate caliente.
Texto : Sebastián Barrasa
Ilustración : Fernando Linares
7 comentarios:
Que dulce.
Como muchos seguramente, me sentí muy identificada con este texto. Uno siempre vuelve a buscar calorcito, siempre.
Y la taza de chocolate es la excusa perfecta, un mimo...
Te felicito por la simpleza para expresarlo.
Corto y redondito. ¡Me encantó! Los tiempos de cada uno y el dibujo que nos muestra las torres del futuro cada vez más cerca.
Texto e ilustración acordes para sí mismos y un agradable guiño al corazón, afectos.
Todos andamos buscando el niño que fuimos, este cuento y su ilustración lo encontraron...
Precioso el cuento y maravillosa la ilustración. Felicitaciones a ambos creadores (al que dibuja... lo conozco bastantito, jé...)
Muchas gracias Coni por publicarme (justo el día de mi cumpleaños. Hermoso regalito!)
y muchas gracias a Fernando Linares por la ilustración (que es excelente!)
y muy muchas muchísimas gracias a todos los que dejaron tan bellos y savios comentarios...
impecable
El Zaiper demostrando una vez mas su poesia!
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