
martes, 14 de diciembre de 2010
Postales y textos con gusto a cuento...
miércoles, 8 de diciembre de 2010
Luna llena

Una luna llena de luna
nada en alcantarillas,
la quiebran las aguas mansas
haciéndole cien cosquillas.
Se ríe la luna llena
mientras se lava la cara.
Cien carcajadas resuenan
al ver su cara mojada.
A la cara de la luna luna
se la ha llevado ese río.
Está asustada la luna
Dice que muere de frío.
Las sombras sombras la empujan
por la orilla del canal.
Y así la cara de luna,
es luna llena en el mar.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Un jilguero en el laurel

viernes, 26 de noviembre de 2010
El deseo de leer...

lunes, 15 de noviembre de 2010
Osote poderoso

Osote Poderoso es un gran oso marrón. Tiene brazos y piernas fuertes. Cuando cierra sus puños parece que hará temblar al mundo. Cuida muy bien a su familia. A nadie tiene miedo, pero muchos le temen…
-¡Soy Osote Poderoso!- dice cada mañana al desperezarse. Los animales del bosque corren a esconderse.
Unas abejas que viven cerca del rosal son egoístas. ¡Nada de su miel es para los vecinos!
-¡Buenos días! ¡Soy Osote Poderoso!- las saluda el oso -Por favor, ¿tendrían un poco de miel para mi abuela, que está muy resfriada?
-¡Cómo no! –le contestan ellas y lo ven tan grande y fuerte que sin chistar le alcanzan un frasco.
Al picaflor que tiene su nido en un ceibo, los tordos quieren destruírselo. Como son demasiado grandes, no caben en él. Tampoco desean que el pobre pajarito esté tranquilo.
-¡Soy Osote Poderoso!- les grita el oso, mostrándoles su puño cerrado. A los tordos, las plumas negras se les vuelven blancas del susto. Se van lejos, a buscar otro lugar donde ningún oso les impida robar nidos.
Las hormigas han salido hoy a juntar alimento. Dejan pelado a un rosal que queda con ganas de llorar.
Fuera de aquí! ¡Soy Osote Poderoso!- las echa el grandote. Salva a los demás rosales y consuela al que quedó deshojado:
-¡No te aflijas! Te cuidaré hasta que brotes nuevamente.
Llegan unos niños con una gomera. Piensan tirarles piedras a las palomas. Se preparan. Cuando están por comenzar, escuchan un vozarrón que exclama:
-¡Soy Osote Poderoso! Donde yo estoy las palomas viven felices y ningún niño les tira piedras.-agita su puño con fuerza… -¡Adiós, adiós gomera!
-¡Soy Osote Poderoso!- saluda con el puño a un avión que va pasando El avión hace demasiado ruido. El aviador lo ve y avisa por radio:
-¡Ya regreso! Hay un oso enorme que me hace señas. Veo que no le gusta de mi avión. Me parece que está muy enojado…- y se va a hacer ruido con sus motores, a otra parte.
-¡Soy Osote Poderoso! Tengo mucho sueño y me voy a dormir- dice el gran oso. Se pone sus pijamas, toma un vaso de leche y se mete en la cama.
Al día siguiente, sus vecinos lo despiertan con una canción. También cuelgan un pasacalles lo saluda:
¡GRACIAS, OSOTE PODEROSO, POR SER TAN BONDADOSO!
Texto: María Alicia Esain (Argentina)
Ilustración: Sandra Becchia (Argentina)
lunes, 1 de noviembre de 2010
Poema III

en el vuelo de los ángeles
para iluminar mi sueño
y palpitar en el azul que aúlla
de la noche- búho, noche-cabra, noche-flor
bajo mi almohada.
sábado, 23 de octubre de 2010
Pucho no es un héroe

- ¡Afuera, Pucho! – exclama mamá Betty, empujándolo con la escoba.
Con la cola entre las patas, el cachorro se aleja de la cocina y del rico olorcito a milanesas.
- ¡Perro pulguiento, no te acerques al bebé! – grita la abuela Nora, cuando lo ve espiar a la cosa rosada y gritona que ahora recibe todos los mimos.
- ¡Má, Pucho me rompió las medias! – chilla Germán, sacándole la pelota con la que estuvo jugando. Bueno, él creyó que era pelota, ¿por qué hacer tanto escándalo? Cualquiera se confunde ¿verdad? – piensa Pucho, cada vez más infeliz. Ya nadie lo quiere, por lo visto. Ni siquiera Marcia, ¡que quién sabe dónde estará ahora!
Y es lógico. Después de todo, él nunca será tan grande, tan fuerte o tan inteligente como los perros de la tele. Esos que saltan precipicios, atraviesan llamaradas o nadan en ríos revueltos para salvar a cualquiera que esté en peligro. ¡Y sin que les tiemblen ni un poquito las patas!
En cambio, a él ¡lo asustan tantas cosas! Y saber… solo sabe ladrar, mover la cola... y dar unos lengüetazos tibios y mojados. Nada tan importante como lo que hacen esos perros de película. ¿Cómo alguien va a quererlo, entonces?

Más triste que un globo pinchado, se esconde debajo de la cama.
No saldrá nunca más.
Total, ¿a quién le importa?
Lloriquea bajito, no sea que lo reten por despertar al bebé. Aburrido y triste, se duerme. Así, por lo menos, puede soñar cosas lindas.

- ¡Puchi ¿dónde estás, hermoso?!
La voz llena la pieza de luz y lo despierta. Sale de su escondite, todavía con la cola entre las patas. ¿Lo están llamando, o es un sueño? Pero no, ¡es cierto! Marcia le da un abrazo tibiecito, y pone la cara pecosa junto a su cabeza pelidura
- ¡Qué ganas tenía de verte! ¡Te extrañé mucho en la escuela ¿sabés?!
Y rascándole las orejas, le cuenta su primer día de clases.
Aunque no entienda demasiado, el cachorro se da cuenta de que no necesita ser un héroe.
Que basta con ser Pucho para que Marcia lo quiera un montón.
Texto: © Olga Appiani de Linares (Argentina)
Ilustración: Liliana Ham (Argentina)
viernes, 8 de octubre de 2010
Lágrimas de troll

Cuando el famoso caballero sueco Alf Hammarskjöld tuvo noticia de que un troll había bajado de las montañas y se había asentado cerca del puente de Skapkarmal, tomó su caballo Bjeifill y su cuerno Grond y acudió a matarlo.
Cuando lo hubo matado descansó a la orilla del río Grimskamisdär, en una playa de pequeños guijarros y decidió pasar allí la noche.
Al poco de salir la luna, escuchó un tremendo lamento proveniente de las montañas que le traspasó el corazón; se puso en pie acongojado por tanto dolor.
En ese momento, pasaba por allí una mujer vieja, de la que todos decían que era bruja.
El caballero le preguntó:
“Decidme ¿quién vive en las montañas que sufre de este modo?”
“Es el padre del troll que habeis matado” –contestó la vieja- “que llora por su hijo muerto”
“En todos mis años nunca he visto una lágrima de troll” –respondió el caballero-
“Pues las estais pisando” –dijo la vieja, y el caballero vio debajo de sus pies miles de piedrecitas que durante años el río había ido arrastrando desde lo alto de la montaña.
Texto : Jesus Fernandez (España)
Ilustración: Marcelo Tomé (Argentina)
