jueves, 11 de diciembre de 2008

Las alas de la princesa


Eva era hermosísima, la princesa más jovencita y bella de todos los reinos de Schönland y por eso, precisamente, sus padres, los reyes, la cuidaban con esmero, pero con tanto, tanto esmero que Eva era casi una prisionera. No podía salir, no podía asistir a los bailes, no podía reunirse con amigos, no podía participar de cabalgatas, en fin, vivía recluida, sin libertad.

Como todas las princesas, se sabe, tenía siempre a su lado a su dama de compañía, Anne, una mujer joven que la doblaba en edad y que había pasado su infancia entre los gitanos para luego entrar en un monasterio. De ahí fue tomada por los reyes cuando nació Eva con la misión de atenderla en todo lo necesario. Pero bien sea por lo que aprendió de los gitanos, bien sea porque en el monasterio conoció muchas fórmulas mágicas y alquímicas, Anne sabía bastante de encantos y sortilegios aunque de bruja de verdad no tenía nada.

Lo cierto es que Eva, aunque no hubiera capricho que no se le consintiera, sufría mucho por su falta de libertad y, noche tras noche, entre llantos, le rogaba a su dama que hiciera algo que remediara el motivo de su tristeza.

- ¡Pero su Alteza, mire usted lo que me pide! ¿Qué podría hacer yo para ayudarla? Sus padres la aman mucho y no desean que nadie, con malas intenciones, se aproveche de su belleza. El mundo es peligroso, hay gente buena, pero también la hay mala y ellos no quisieran que usted, mi hermosa Eva, tuviera que pasar por tristes sufrimientos.

- ¡Pero mi querida Anne!, ¿es que acaso hay peor sufrimiento que el encierro? No sé si lo habrás advertido, pero Eva, mi propio nombre al revés, quiere decir Ave, esto es, un pájaro, un pájaro libre, que puede volar, recorrer el mundo.

- ¡Pero, mi niña, usted no es un pájaro, es una princesita! Algún día encontrará un príncipe tan hermoso y bueno como usted y será entonces totalmente feliz.

- ¡Algún día, algún día! – respondió Eva sin resignación. - Pero yo quiero ser libre ahora, poder volar, conocer el mundo y sé que no te faltan artes como para transformarme en pájaro, aunque tan sólo sea por un rato, te lo suplico.

Y tantas fueron las noches que lloró, gimió y rogó la princesita que, finalmente, logró que Anne ejecutara su pedido no sin antes advertirle que, cuando ella hiciera sonar la vara de cascabeles, Ave debería retornar al castillo inmediatamente.

Así fue que esa noche de primavera, Anne puso en práctica todos sus saberes y Eva quedó inmediatamente transformada en un pájaro magnífico, de una belleza tan exótica que no podía menos que maravillar a cualquiera. Y así, transmutada, batió sus alas, alzó vuelo y se alejó por la ventana rumbo al cielo estrellado.

Los días pasaron y Ave se sentía plena y feliz recorriendo el mundo, descubriéndolo todo y asombrándose ante tanta cosa desconocida. Pero un buen día, en el que se encontraba cantando alegremente sobre la rama de un alerce majestuoso, se encontró atrapada en una red y, aunque batió desesperadamente sus alas, todo fue en vano.

El cazador de pájaros estaba realmente conmocionado: había atrapado a un ejemplar único, bellísimo y nunca visto y, por lógica, habría de ponerle un precio muy alto. Con esa presa ganaría muy buen dinero y podría comprarse muchas cosas largamente deseadas.

Pasaban los días y los días y Ave continuaba en la pajarería encerrada en una preciosa jaula a la espera de que algún comprador adinerado quisiese adquirirla. Y por mucho que la vara de cascabeles sonaba y llegaba a sus oídos, Ave Eva no podía cumplir con la consigna prometida pues de ninguna manera tenía forma de escapar.

Hasta que una tardecita, entró un señor muy atildado y elegante y le dijo al pajarero:

- Vengo por ese pájaro y no importa cuánto sea lo que cueste. Hoy es el cumpleaños de mi príncipe y deseo hacerle un regalo esplendoroso y original.

El pajarero, muy feliz, adornó preciosamente la jaula, recibió su dinero y entregó la mercancía. Esa misma noche, Ave Eva era depositada en manos del príncipe Blaumann quien quedó azorado y maravillado ante un regalo de tamaña belleza sin siquiera sospechar que ese pájaro exótico era, ni más ni menos, que una princesa.

Descubierta la ausencia de Eva, los reyes reprocharon gravemente la irresponsabilidad y falta de cuidado de Anne y la condenaron a una dura penitencia. La dama de compañía, que se sentía terriblemente culpable de haber cedido al capricho de la princesa, no dejaba de hacer sonar su vara de cascabeles ni un minuto, pero sin resultados. Finalmente, desesperada, le rogó a los reyes que le permitieran salir personalmente en busca de Eva y que, de regresar sin ella, aceptaría de buen grado ser condenada a muerte.

Así se hizo y Anne, llevando su vara, comenzó a recorrer reino por reino, aldea por aldea y bosque por bosque. Entre tanto Ave Eva no dejaba de piar ni de trinar, imaginando que el príncipe comprendería su idioma y se enteraría de la verdad. Pero lo cierto es que ni los príncipes ni otros humanos comprenden el lenguaje de los pájaros, salvo Anne, que no por nada tenía tan mágicos poderes.

Pero como las cosas nunca son tan sencillas, vino a darse que, poco a poco, Ave Eva comenzó a enamorarse del príncipe Blaumann, tan hermoso y gentil y tan tierno y esmerado a la hora de atender a su pájaro maravilloso. Y si bien Eva deseaba volver a ser Eva y escapar de esa jaula, también quería seguir siendo Ave para permanecer al lado de su amado.

Lo cierto es que, después de mucho andar y con las esperanzas casi perdidas, Anne vino a dar con el castillo del príncipe Blaumann y, ni bien estuvo cerca, oyó el canto de un pájaro que no tardó en identificar. Había hallado por fin a Ave Eva y, llena de gozo, sacudió su vara de cascabeles. Pero nadie acudió al llamado y Anne tuvo entonces la certeza de que su princesita tenía que estar encerrada en una jaula.

¿Cómo hacer? – se preguntaba llena de zozobra. No me permitirán entrar. He andado muchísimo, he dormido a cielo abierto, he recorrido mil caminos, mi ropa está sucia y raída, mi aspecto es el de una mendiga. No, de ninguna manera me dejarán entrar y yo debo llegar hasta Ave Eva para librarla.

Aguzó sus oídos y comprobó que el canto salía de una ventana alta, pero ¿cómo llegar? Debía hacerse de una escalera a cualquier precio y la suerte quiso que encontrara una, lo suficientemente alta, en las inmediaciones de las caballerizas. Ni lerda ni perezosa, la arrastró como pudo, la apoyó en el muro y trepó sigilosamente. Ahí, efectivamente, en su jaula de lujo, se encontraba Ave Eva.

Con su mejor habilidad, saltó dentro del cuarto y a punto estaba de abrir la jaula cuando apareció el mismísimo príncipe.

- ¿Quién es usted? ¿Cómo es que está usted en mis aposentos? Y a punto estaba de llamar a sus guardias cuando Anne, con voz calma y tibia, lo interrogó:

- ¿Ama usted verdadera y profundamente a este pájaro?

- ¡Pues nadie se atrevería a dudarlo, mujer! Es un pájaro maravilloso que alegra mis mañanas y mis días y ¡cómo no amarlo si desde que ha llegado a mí he podido comprender lo que es la felicidad!

- Pues –replicó Anne con astucia- si es verdadero ese amor, debieras dejarlo libre, ¿o acaso se supone que alguien puede gozar de la vida permaneciendo prisionero?

- ¡Caramba! – respondió el príncipe. Nunca se me había ocurrido pensarlo y debo reconocer que tiene razón, pero también es cierto que ni bien le abra la jaula, se volará, se irá lejos y no lo volveré a ver.

- Pues –replicó Anne, que había comprendido el mensaje de los gorjeos de Ave Eva- yo te aseguro que si lo liberas, nunca te arrepentirás y pongo en ello mi propia vida: si acaso lo que ahora prometo no se cumpliera, llamarás a tus guardias y les ordenarás que, de inmediato, me quiten la vida.

Viendo tan tremenda y segura determinación, el príncipe Blaumann quedó en suspenso e intrigado. Algo, dentro de su corazón, le decía que debía arriesgar y obedecer, así que, decidido, se acercó a la jaula y con la mayor delicadeza, abrió la portezuela.

Enorme fue su asombro cuando el bellísimo pájaro giró en un rápido vuelo pero, en lugar de alcanzar la ventana y perderse en el cielo, se posó a sus pies. Unos segundos después, tenía ante sí a la princesa Eva, otra vez transfigurada en persona.

¿Qué si el príncipe se enamoró de ella? ¿Es que alguno de ustedes lo puede poner en duda?



Cuento : Long-Ohni (Argentina)

Ilustración: Mercedes De La Jara ( Argentina)


Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Cuento creado a partir de una ilustración



jueves, 4 de diciembre de 2008

Fantasmas



Un día de lluvia y tormenta Valentina empezó a caminar por la vereda. Era otoño y las hojas naranjas, amarillas y marrones estaban estancadas en la alcantarilla. Valentina siguió, siguió y siguió caminando, entonces llegó a un cementerio. Entró al cementerio y caminó un buen rato hasta que vio un gato negro. Lo siguió hasta que llegaron a una casa que estaba adentro del cementerio. Entró a la casa y no se dio cuenta de que decía: ¨Mansión Embrujada, no entre o morirá al instante¨

Recorrió la casa casi entera, solo le faltaba recorrer las habitaciones de arriba y el sótano de la casa. Pasó que escuchó ruidos... de repente apareció un fantasma.

_¿Quién eres?_ dijo el fantasma.
_ Me llamo Valentina_ ¿Eres humano no?¿o un duende crecido?
_ No, soy humano.
_ Entiendo
_¿Qué es esa cosa negra?
_ Es un gato. Lo encontré y me llevó a esta casa.
_ ¿Quieres que te muestre la casa?
_ No, ya la recorrí, pero me falta ver las habitaciones de arriba y el sótano.
_ Ah, bueno. Entonces te muestro el sótano.

Y Valentina y el fantasma recorrieron toda la casa, hasta que llegaron al sótano y el fantasma le dijo:
_ ¿Quieres comer algo?
_No, no puedo, tengo que ir a mi casa; mi mamá y mi papá estarán preocupados.

El fantasma no le dijo nada y se fue a otro lado. Después Valentina escuchó ruidos de cadenas que se rompían. Fue hasta la puerta a ver qué era ese ruido. Se dio cuenta de que era un gigante. Cuando lo vio salió corriendo, agarró al gato y corrió como le permitían sus piernas. Llegó al final del cementerio y corrió a su casa.
Le contó a sus papás y dijeron que era una mentira.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Rana bailarina



Con tutú de color rosa
y los labios muy pintados
se desliza, primorosa:
el ensayo ha comenzado.

Es la rana Celestina:
tiene los ojos cerrados
para poder ver mejor
eso que tanto ha soñado.

Ella sueña que es figura
de un ballet de gran fama
y que el público, admirado,
por su destreza la aclama.

“¡Celestina! ¡Celestina!”
le parece escuchar.
Y ágil como serpentina
gira y gira sin parar.

Tres luciérnagas se acercan,
antes que salga la luna
a ver bailar a la rana,
la reina de la laguna.



Poesía: Marcela Silvestro

Ilustración: Pipi Spósito


Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Poesía creada a partir de una ilustración




lunes, 24 de noviembre de 2008

Volar


Mamá dice
que no importa
cuántas veces caiga.

Ella siempre está
para levantarme.

Cuando no conozco
alguna letra,
me da un besito y... ¡Oh!

La letra sale de su escondite
y mi cielo brilla.

También dice
que algún día podré volar solo,
pero debo conocerlas todas.

Mamá y yo hacemos la tarea.
Uso gafas, casco y bufanda
para recordar hacia dónde voy.




Ilustración: Teresa Ramos Chano ( España)

Poesía : Mercedes Aceves Zúñiga (México)



Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Poesía creada a partir de una ilustración




lunes, 17 de noviembre de 2008

El barrilete azul



Si eres un niño o una niña quizás has escuchado que alguien te pregunte ¿Qué quieres hacer cuando seas grande?

 Quizás tu también lo hayas pensado y como todavía eres joven puedes soñar que en la mañana corres autos de carreras, que en el almuerzo enseñas en una escuela y que antes de acostarte bailas en un famoso teatro o inventas una máquina que hace las tareas. Eso por supuesto si eres un niño o una niña, pero si eres un barrilete (para algunos comenta, volantín o papagayo) nadie te va a preguntar que quieres hacer cuando seas grande, porque lo único que un barrilete quiere hacer toda la vida es volar.

Pero el barrilete de esta historia no era un barrilete común, porque mientras los otros exhibidos en la pequeña tienda esperaban impacientemente que alguien los comprara para por fin realizar su primer vuelo, nuestro pequeño barrilete azul imploraba para que nadie lo quisiera porque tenía miedo de volar.
Encontraba que eso de ser lanzado por lo aire no debía ser nada agradable y menos que el único contacto con la tierra fuera un delgado cordel ¿qué pasaría si el cordel se soltaba y quedaba a la deriva, siendo empujado por el viento hacía todos lados sin control?
Para su suerte no parecía ser muy atractivo para los niños que entusiasmados venían buscando un barrilete, su hermoso color azul parecía ser la causa, al verlo pensaban que se confundiría con el cielo y por lo tanto no podrían apreciar su vuelo.
Eso lo tranquilizaba mientras escuchaba a los otros que solo hablaban de su primer vuelo.

La libertad, que hermosa sensación de libertad debe sentirse al volar – decía el orgulloso cometa con forma de águila que posaba en el centro de la tienda.
El viento rozando y silbando a través de ti – exclamaba el volantín multicolor que estaba a su lado.
Y que me dicen de la altura, ver todo desde arriba y más allá del horizonte – señalaba el papagayo tradicional que mostraba los colores de la bandera.
“Que libertad”, “que viento”, “ni que altura”, pensaba el pequeño barrilete azul, “si estas atado a una cuerda no tienes libertad, la fuerza del viento puede romperte y las alturas dan vértigo”. Pero no decía nada, escuchaba en silencio mientras entraban los niños a la tienda a buscando un barrilete.
Pero la suerte no le fue eterna, llegó un día una pequeña niña a la que se le ocurrió que su chaleco hacía juego con el hermoso color azul del barrilete, así que se lo pidió a su papá aunque este insistía en que compraran otro.

Y así fue como una tarde, esta niña con su padre salió a volar al barrilete. Estaba muerto de miedo, temía que la pequeña niña no tuviera la suficiente fuerza para sostenerlo una vez que comenzara a soplar el viento (y ese día había mucho viento).
Que alzara el vuelo no fue tarea fácil, varias veces fue arrojado al aire para después caer en picada, si hubiera podido hablar con la niña le habría dicho que desistiera de una buena vez. Pero finalmente lo pescó una ventisca y comenzó a ascender y ascender, sentía como la fuerza del viento lo empujaba y a su vez sentía los jalones que recibía del cordel que sostenía la niña.
No quería mirar y cada vez que se elevaba sentía más miedo, “si me suelta” pensaba “si me deja ir”, “no quiero estar a la deriva” “no quiero que el viento me lleve a lugares que no conozco” “no quiero desprenderme de la tierra”.

Después de un rato de sentir como el viento lo golpeaba y silbaba a través de él se atrevió a mirar, primero se sintió mareado, pero después de un rato se acostumbró a la vista desde la altura, pudo ver la montaña y más allá el prado, todo se veía tan distinto desde arriba, hasta ahora solo había visto la tienda, la casa de la niña y la cumbre desde donde se inició su vuelo, pero ahora podía ver que más allá de la cumbre había un parque con niños jugando y más allá un poblado entero con gente caminando por las calles y un río y árboles, pudo entender de que hablaban los otros cometas de la tienda y de pronto sintió el impulso de ver más allá y jaló un poco, se estiró otro poco, un poquito más, pero sucedió lo que tanto temía, las manos de la pequeña niña no pudieron sostenerlo y quedó a la deriva.

El terror lo invadió, el cordel que le daba seguridad estaba a merced de las corrientes de aire. Primero una ráfaga lo lanzó a la izquierda, luego a la derecha, luego dio vueltas en círculo pero cuando por fin se estabilizó se sintió de nuevo atrapado por la visión del mundo desde las alturas, aunque seguía sintiendo miedo.
Divisó que detrás de los árboles aparecía una familia de conejos y también que unos metros atrás estaba un cazador que quería atraparlos, vio a un grupo de personas nadando en el río y a otras entre los árboles discutiendo, vio los colores del prado, verdes, ocres y los pájaros posados en las ramas, vio cosas que le gustaron, algunas que jamás podrá olvidar y otras que no quisiera volver a ver.

Pero algo le hizo querer detenerse: en la entrada de una pequeña casa pudo ver a un niño sentado con las manos en el rostro, parecía triste, parecía que lloraba. Entonces el barrilete esquivo las ráfagas de viento que chocaban contra él de frente, se movió a la izquierda, luego a la derecha, bajo y subió, alteó la cola para que se enredara en el poste cerca del niño y así pasó, finalmente comenzó a perder altura y calló en sus pies, el sonido de la caída hizo que el niño levantara la cara mojada y se restregara los ojos, miró sorprendido al hermoso barrilete azul que estaba enfrente y una sonrisa se dibujó en su rostro, el barrilete se sintió satisfecho.

El niño tomo el cordel y lo lanzó de nuevo al aire, corriendo por el campo, su risa se escuchaba desde lo alto. Esta vez se quedó donde estaba sintiendo la tensión del viento y de la cuerda que lo jalaba, quizás algún día volvería a volar libre, pero no se sentiría de nuevo a la deriva.



Ilustración : Beti Abel (Argentina)

Texto : Mallé Westinner (Venezuela)


Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Cuento creado a partir de una ilustración



martes, 11 de noviembre de 2008

La vaca Paca
































¿Cómo hará la vaca Paca,
cómo hará para aprender?
La escritura la preocupa…
¡Tampoco sabe leer!

De espaldas al pizarrón,
calladita se ha quedado.
¡Tan enorme es su problema,
que ni MU se le ha escapado!

Por el suelo andan las tizas:
una azul, otra amarilla,
otra roja, otra muy blanca…
¡Esto no es cosa sencilla!

Para empezar la tarea,
muy bien se había preparado…
Se puso su guardapolvos,
sus zapatos colorados…

De repente la trastorna
un libro con una A…
¡Qué miedo que tiene ella,
no sabe qué pasará!

¡Qué gran susto, qué delirio!
¡Pobre la vaquita Paca!
¿Tendrá que pedir ayuda
a la vaca de Humahuaca?




Ilustración : Nora Hilb (Argentina)

Poesía : María Alicia Esain (Argentina)


Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Poesía creada a partir de una ilustración



lunes, 27 de octubre de 2008

Palabras mágicas




Abelia tiene una muñeca de trapo. Abelia quiere que su muñeca hable, que cante y que baile, pero sobre todo que hable. Que le hable.
Abelia también tiene un libro de hechizos. Busca en su libro palabras mágicas para que su muñeca hable.
Lee en voz alta de su libro:

Rápate, cúngale, chásiti, son,
tórguele, trúmpete, virla, pisón.

Y el cielorraso de su cuarto se vuelve de estrellas, pero la muñeca no habla.
Vuelve a intentarlo. Relee:

Chípiti , ráquele, zúrbarle, córnele
mósiti, túrmale, alimicuá

Ahora aparece en su mano una varita, pero la muñeca... nada.
Da vueltas las hojas de su libro de atrás para adelante, apoya la varita sobre la cabeza de su muñeca y enuncia solemne:

Cúmpelin, mase, dirne, raén,
paste, troncare, fica, batén

Entonces la muñeca dice con voz monocorde:

"Mi nombre es Sabrina" "Tengo sueño" "Ponme mi pijama" "Mi nombre es Sabrina" "Tengo sueño" "Ponme mi pijama"

No es lo que Abelia espera. Abelia no quiere escuchar una voz grabada. Resignada, la mira a los ojos y le pregunta:
- ¿Por qué no me hablas con tus propias palabras?
- Porque estaba esperando las tuyas, que pueden ser mágicas - le contesta Sabrina sonriente.
Abelia esta feliz. Ahora que es maga, Sabrina canta y baila, pero sobre todo habla. Le habla.




Ilustración : Ana Guantay ( Argentina)

Texto: Silvina Rocha ( Argentina)



Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Texto creado a partir de una ilustración


lunes, 20 de octubre de 2008

Susurros del cielo



Nadie sabe bien por qué
los sábados a la mañana,
dos pájaros de mi pueblo
se acercan a mi ventana.

Nadie sabe bien por qué
uno de ellos me acaricia,
suave susurro de cielo,
se siente como delicia.

Nadie sabe bien por qué
escucho su pensamiento
cien aleteos celestes
cuentos de brisa y de encuentro.

Nadie sabe bien por qué
me secretea al oído:
“La libertad no se vende
aunque te roben el nido”.

“La libertad no se compra
aunque te corten las alas.
La libertad está adentro
del corazón de las hadas”.

Nadie sabe bien por qué
los sábados a la mañana
cuando los veo llegar
el alma se me aliviana.

¿Será porque soy un ángel?
¿Será porque soy muy mala?
¿Será porque sueño y quiero?
O... ¿por ser muy charlatana?




Poesía : Patricia Iglesias Torres ( Argentina)

Ilustración : Marlowa ( Brazil)



Modalidad de fusión de artistas : ¨El reino del revés¨
Poesía creada a partir de una ilustración



domingo, 5 de octubre de 2008

Vuelteretas




El payasito se da de patadas en la nariz. Gira como un rulemán y no se cansa. Es medio acróbata el payasito y medio tonto también. Se queda colgado cabeza abajo o sentado o con una pata detrás de la oreja. Pero no; no es tonto el payasito. Aunque gire y se quede enroscado en el alambre como un yo-yo o un trompo o una figurita de las redondas. El payasito no es tonto, porque es de madera pintada como el soporte que lo sostiene: una hache de madera de pino, que la mano del niño vuelve a apretar, para que se enrosque y gire y se vuelva a enroscar, siempre.

viernes, 3 de octubre de 2008

Marumba



Entonces bajó de la cajita que apoyamos en el piso del jardín. Me imaginé que ella sintió que aterrizaba con una nave espacial, por eso creo que fue muy valiente. Ni bien levantamos la tapa de cartón, apretó fuerte los ojitos por la luz; pero en seguida, parpadeó dos o tres veces y avanzó. Mamá dice que también suspiró, (pero yo escuché que hizo un sonidito como de moquito seco atrapado en la nariz) y después se fue derecho al pasto. Y no paró hasta llegar al objetivo: meter casi toda la cara en el agua, para saciar su pequeña sed. Todos nos morimos de risa con su gracia; hasta le pusimos Marumba por el ritmo de sus pacitos. ¡Genial!, pensé, ahora puedo jugar a la guerra con todos mis muñecos y ella va a ser como un tanque indestructible.

Por cómo se veía desde arriba, estuve toda la semana dibujando cuadraditos adentro de cuadraditos. Además le pregunté muchas veces a mamá qué pasaba si la sacaba de su casita. Me dijo que ni lo sueñe, con voz que daba miedo, y tuvo que explicarme de dónde venía Marumba porque yo pensaba que era de madera.

Para darle la bienvenida a Marumba, escribí un lindo poema y mamá lo hizo una canción que me canta para despertarme de risa a la mañana:



Marumba para acá

Marumba para allá



Marumba cajita

Marumba chiquita



Nariz de alfiler

boquita afilada

mala

me mordiste



camina en el pasto

sos glotona

come las florcitas

y llora mi mamita



transporta el Pokemon

patina con jabón



Marumba cajita

sos piola

te gusta la alfombra

y no la aspiradora



Marumba coraza

Marumba tu casa



Pareces piedrita

sos una casita



Techito lindo

llevas

simpre bajito



(Ya está) Tomi.







Texto : Luciana Maquieyra ( Argentina)

Ilustración : BEtt ( Argentina)