domingo, 13 de julio de 2008

La tormenta tormentosa

La primera noche que Pablo durmió solo, conoció lo que era una tormenta eléctrica.

Ya el día no traía buenos augurios, su nueva habitación no tenía nada de familiar; las cosas estaban dispuestas de otra manera y había empezado a llover justo antes de irse a la cama, así que el ruido de las gotas cayendo sobre el techo no le permitieron conciliar el sueño en un buen rato.
Pero luego sucedió lo inesperado, con una luz centellante el cuarto se iluminó y cuando ya había regresado la oscuridad, un ruido espantoso estremeció la habitación.

Sin pensarlo Pablo salió corriendo a la habitación de sus padres, con la mala suerte de que no le permitieron quedarse con ellos.
Son solo rayos y truenos, a tu cuarto.
Luego intentó quedarse en la habitación de su hermano:

- No!!!!… ahora tienes tu cuarto, vete de aquí.


Así que a Pablo no le quedó más remedio que regresar a su habitación y tratar de sobrellevar la tormenta.
De lo que se pudo percatar y que no parecían saber sus padres ni su hermano, es que bajo la luz de los rayos las cosas parecían diferentes, aquella luz mostraba un lado de las cosas que ni la luz de sol o de las lámparas podía mostrar.

Así que cada vez que uno de esos rayos iluminaba su cuarto las cosas se mostraban tenebrosas, el oso que a la luz de sol parecía el más tierno de los teddy se veía como un oso salvaje, los jugadores de la selección retratados en el poster parecían unos vampiros con caras malignas y sonrisas malvadas, el perchero en el que estaba su sweter colgado, parecía un monstruo infame. Así, cada uno de los objetos de su cuarto, iban apareciendo de manera terrorífica cuando se iluminaba la habitación con el rayo.



Sin poder soportar el miedo Pablo gritó y su madre corrió hasta su cuarto para saber que le ocurría.






- Que pasa Pablo ¿Por qué ese grito?

- Mi oso tiene dientes… fue lo que alcanzó a decir antes de que su mamá comenzara a reprenderlo.
- Pablo basta, tu oso es el mismo de siempre, no tiene nada –
Y lo tomó y sacudió pero Pablo le pidió que lo dejara en donde estaba.
- Pablo ya no eres un bebé, tienes que aprender a dormir solo, pronto te acostumbrarás - y dicho esto le dio un beso y se fue a dormir .

De nuevo Pablo se quedó solo a oscuras en su habitación y lamentablemente la tormenta continuaba su curso, el problema era que cada vez que un rayo entraba en destellos, Pablo se percataba de como las cosas empeoraban.

Lo más terrorífico fue darse cuenta que tras cada centellar su oso, aquel que a la luz del rayo parecía feroz, se iba acercando.

No puede ser – pensó Pablo y restregándose lo ojos miraba atónico lo que estaba sucediendo.
El pequeño oso que estaba en la repisa al siguiente destello estaba en la cómoda justo debajo. De repente el cuarto quedaba a oscuras y no podía ver lo que pasaba, pero el terror lo invadía.
Qué pasaría cuando el cielo se volviera iluminar?
En donde estaría ese oso ahora?
Así el cuarto se volvió a iluminar para comprobar que su oso estaba en el piso.

- Mamá!!!

- Ahora que Pablo …

- Mirá, el oso se movió … te juro que se está moviendo!


La mamá entró enojada a la habitación.

- Pablo por favor, seguro se calló después que lo tomé – y lo volvió a poner en la repisa – Cómo es posible que te comportes así? No volveré a venir, tengo sueño y tu también tienes que descansar.

Pablo se quedó desconsolado, la tormenta seguía, su madre no volvería y parecía que el oso no quería quedarse quieto.
Una vez que los rayos comenzaron de nuevo inició su recorrido …
así en un momento estaba en la repisa, al siguiente rayo aparecía en la cómoda y de nuevo al piso. Pablo se tapaba con la sábana y volvía a mirar apenas asomando los ojos para comprobar que cada vez que se iluminaba el cuarto, su oso estaba más cerca …
Cuando finalmente estaba a su lado y Pablo lo pudo ver muy cerca de él, paralizado por el miedo y con la voz ahogada le preguntó:

- Qué quieres, qué quieres de mi …?
- Nada contestó el oso …
Pablo solo sintió en la oscuridad un bulto peludo que se acurrucaba en sus brazos.
- Tienes miedo acaso? Creyó escuchar un tenue “sí” o... ¿fue la cabeza de su oso asintiendo?
- No te preocupes son solo descargas eléctricas y sonidos, no pasa nada - dijo el niño.

Y tratando de consolar a su oso se quedó dormido .

La mamá de Pablo se acercó en la mañana a despertarlo para ir la escuela, se sonrió al verlo abrazado a su oso.




Texto : Mallé Westinner

Ilustraciones : Myrian Bahntje

3 comentarios:

Ali dijo...

¡¡Muy apropiado y con ilustraciones preciosas!!¡Como siempre!

John dijo...

¡Hola Mallé! Excelente tu cuento. Me gustó aún más que el primero. Mi parte preferida fue la de las primeras imágenes que vió el niño cuando se acostó, de las cuales la ilustradora también hizo un dibujo maravilloso. Cuando era pequeño también vi muchas de esas imágenes que asustaban al niño, pero me daba más miedo decirlo y pedir ayuda. Estoy seguro que muchos niños, niñas y adultos pueden encontrarse en esta narración. Te felicito. Continua escribiendo. Saludos... John.

Alexandra dijo...

Hola Mallé!
Bellísimo cuento, muy muy muy lindo!
Sigue escribiendo cuentos.
Un beso,
Alexandra Gasperini