domingo, 13 de abril de 2008

El gatito negroblanco

Había una vez un gatito negro que era completamente negro. Esto no es nada extraño, pues hay muchos gatitos negros. Pero este caso sí lo era, ya que su familia era completamente blanca.

Su madre era blanca y su padre era blanco.
Las dos abuelas eran blancas, y también los dos abuelos.
Sus hermanos y hermanas eran blancos.
Sus tíos y tías y primos eran blancos.
Todos eran blancos, menos este único gatito. Y él era negro, negro desde el extremo de sus bigotes hasta la punta de su cola.
Cuando nació... qué sorprendidos quedaron todos!, pues no es frecuente que un gatito blanco sea completamente negro.
Su mamá lo lamía y lo lamía durante horas...pero no había remedio. Él seguía siendo negro como antes.
Negro como era, empezó a crecer y se hizo grande y más grande, como sus hermanos y hermanas blancas.
Casi siempre, todos estaban muy contentos. Pero ocurrieron algunas cosas inesperadas debido a su aspecto tan diferente.

Cuando todos los gatitos jugaban en la nieve, él era el primero que descubrían.
Pero cuando jugaban al escondite en la carbonera, nadie lo podía encontrar y eso resultaba fastidioso.
Un día el gatito negro dejó de jugar con los demás. Se fue solito a un rincón de la cocina, se enroscó, juntó sus patas delanteras y tomó el aspecto de un gato viejo, de un gato tan viejo como el abuelo.
- ¿Qué te pasa querido? - le preguntaba su mamá -¿ No te sientes bien?
- No me pasa nada, mamá. Estoy perfectamente bien - le contestó el gatito -. Solamente que estoy pensando.
Y así se pasó todo el día pensando y pensando.
Cuando llegó la noche y el seguía pensando... los otros gatos de la familia juntaron sus cabezas y se pusieron a susurrar.
Y a continuación...en el mayor silencio... toda la familia desapareció en la carbonera.
Un rato más tarde, aparecieron todos.
¿ Estaban igual que al entrar en la carbonera?
Bueno... no justamente...
... pues ahora, como lo pueden ver, todos eran negros, negros, negros.
La familia de gatos blancos se había transformado en una familia de gatos negros. Y todos se fueron a la cocina para ver al gatito negro, que ya era todo negro.
En la cocina había otro gatito, muy bien...
pero era blanco, blanco, blanco.
Y sobre el suelo había una bolsa de harina vacía.
- Hola! - dijo el gatito -. He decidido hacerme todo blanco para conformarlos a ustedes.

- Y nosotros nos hemos hecho negros para agradarte a ti! - gritaron todos juntos -. Oh! ¿ Qué haremos ahora?
Entonces se adelantó uno de los abuelos. Era muy inteligente y habló así:
- Negro o blanco, blanco o negro, en realidad no importa. Importa que nos queramos uno al otro y que vivamos felices.
- Esto es verdad - dijeron todos en coro -, y en verdad no importa el color.
Y se quedaron tan contentos con la buena idea del abuelo que comenzaron a jugar. Saltaron y rodaron... y se abrazaron..., en fin, jugaron como hacen todos los gatos que se quieren entre sí y son felices.
Y cuando se reunieron para cenar, no había entre ellos ningún gato blanco ni ningún gato negro. Ahora todos eran grises... y decidieron quedarse así.
Por esto y porque se querían tanto, se sentían muy felices.






Josef Palecek

6 comentarios:

Elena Ospina dijo...

Hermosos gatos! seguiré pasando

Beatriz Iglesias dijo...

Muy bonito y útil vuestro blog. Enhorabuena por la iniciativa ^__^ Muchas gracias! Seguiré pasándome.

Ali dijo...

Esto se pone cada vez mejorrrrrrrrrrrrrrrrr

Blanca Bk Gimeno dijo...

Que lindo texto y que lindos gatitos..!! :D
A ver cuando os paso los mios... ;)

Besos,

Yhurany Higuita Bustamante dijo...

Recuerdos de mi niñez. Amo este cuento!

Tes Nehuén dijo...

Buenas tardes. Hace tiempo que busco este cuento. ¿Podrías decirme cuál es la editorial que lo ha publicado?
Muchas gracias!!