jueves, 8 de octubre de 2009

Para volar... los lunes

Una imagen, mil palabras...





Él volaba solo los lunes. Decía que era el mejor día. Porque lunes era comienzo, y volar es eso… un comienzo.

La primera vez que sucedió fue un martes. Lo recordaba porque los martes no parecen días de vuelo. Martes es como estar casi a mitad de camino. Entre abajo y arriba.

Pero ese martes parecía lunes y quizás por eso fue que sucedió.

Estaba afuera y miraba el cielo con los ojos entrecerrados porque el sol era muy fuerte y aún no pasaban de las nueve de la mañana.

Era raro, parecía un sol de domingo. Pero era martes.

Posiblemente eso lo desconcertó. Que el sol estaba tan fuerte, como de domingo pero era martes. Y seguramente porque tuvo que entrecerrar los ojos cuando miraba hacia arriba, bien arriba, al cielo azul celeste, tan claro, tan diáfano, tan limpio.

Casi como si fuera jueves, todo despejado, ya a mitad de camino. Ya pensando en lo pronto que se termina.

Pero era martes y no había ninguna nube, y el cielo claro, y los ojos entrecerrados por el sol tan fuerte cuando aún no eran las nueve de la mañana.

Y entonces sintió el tirón. Primero fue en una pierna, la derecha. Siempre los tirones le venían en la izquierda, pero ese día no.

Al rato cuando la derecha se le iba para arriba sin que él pudiera hacer nada, como si una fuerza magnética lo levantara, sintió el tirón en la izquierda.

Él pensó que las fuerzas magnéticas tiran para abajo. Pero aquella no. Y cuando ya no

pudo ni él ni la gravedad de la tierra sostenerlo pegado al suelo, las dos piernas le quedaron como mirando hacia arriba y el cuerpo a mitad de camino, queriendo enderezarse sin poder, como mirando hacia abajo.

Hasta ese momento el no pensó que estaba suspendido en el aire como cuando se vuela, que es estar suspendido en el aire. El pensó que la culpa era del viento. Pero no había viento.

Los vientos siempre son los viernes, a veces los sábados. Viento es empuje, es como un tirón hacia adelante, para animarte a llegar. Y ese día era martes.

El seguía pensando que cosa podía ser la que lo tironeara de esa manera hacia arriba cuando miró hacia abajo. Ahí cayó en la cuenta de que estaba alto, muy alto y las cosas y las casas no se veían muy nítidas. Todo se veía chiquito, como si fuera miércoles.

Miércoles es como estar arriba, ya empezaste a andar pero el final aún queda lejos y todo es incierto, porque no se alcanza a ver bien. Chiquito.

Entonces abrió los brazos y sintió el aire que le rozaba las mejillas. Aire, porque viento no había.

Y decidió que si no podía saber que cosa era lo que pasaba, lo mejor era disfrutar de ese momento. Como si fuera domingo.

Domingo es cuando ya todo se terminó pero aún te queda el roce en las mejillas. Aún sentís el aire que te atraviesa la piel y te sube arriba, arriba, cada vez más arriba. Y el sol que está tan fuerte te da calor pero sin ahogarte porque aún no son las nueve de la mañana. Es un sol que no te quema, pero te alegra el corazón como si fuera una llama.

Él no quiso saber después de donde venían los tirones que lo elevaban del suelo. Tampoco intentó averiguar si era por las fuerzas magnéticas de quién sabe dónde o las aerostáticas de vaya saber qué.

Eso sí, el decidió que el mejor día para mirar el cielo con los ojos entrecerrados era el lunes. Así su vuelo era un verdadero comienzo y no se perdía ningún día de la semana.

Para el descenso siempre lleva una cuerda. Los tirones hacia abajo son menos divertidos y una soga a tiempo previene de los golpes bruscos cuando todo se termina.




Nora Patricia Fowler

Comodoro Rivadavia

Chubut

Argentina



Gracias Nora!!!



Ilustración: Matías Acosta



Gracias Matías!!!




7 comentarios:

Gisel dijo...

Excelente, te felicito me gusto mucho...

Matías dijo...

Es buenisimo el texto. Me gustó muchisimo.
Gracias Nora, de corazón.

Mato

Silvana Pérez dijo...

q lindooo!! me encantó el texto!!! Matt ya sabes q tus ilus me parecen una ternurita!! hicieron un buen equipo!!! Felicidades!!

Evangelina Prieto dijo...

Buenísimos; gran texto y una ilustración bellísima, delicada...
Felicitaciones

Nora Fowler dijo...

Muchas gracias a todos por los comentarios tan elogiosos. Mil gracias a Coni y a quienes tan solidariamente construyen este espacio de belleza y arte literario como lo es Luna Naranja.
Para Matías sólo tengo para decir que el texto es una consecuencia de la belleza de su ilutración. Tu arte Matías produjo en mí un efecto movilizador. Y creo que la literatura necesita muchos artistas que ofrecen lo que vos.
Saludos patagónicos (aún con frío)
Nora

leti dijo...

Hola Norita!!!!! Me encantó lo que escribiste, tenés alma de cuentista! Está hermoso, de verdad admiro cómo de una ilustración podés crear algo así (a todos los que lo hacen). Un besito.

Luna Blanco dijo...

Qué lindo cuento! Muy tierno!