lunes, 26 de mayo de 2008

La cuerda a la Luna


Una noche que la luna brillaba tanto como una luciérnaga, Elena se apoyó en la ventana de su dormitorio para contemplarla.
En ese momento entró Anita, su nieta más pequeña. La niña al ver a la anciana le dijo:
-¡Abue, acuéstate, te vas a resfriar!
Elena le sonrió y con su dedo curvo, señaló el cielo, luego mirándola con ojos cansados le dijo:
-Anita ¿te acuerdas cuando te conté que mi abuela Cloromila, recibió un regalo de la luna? Ahora mira la Luna, pero con mucha atención.

La niña levantó la cabeza y buscó a lo lejos hasta que gritó:
- ¡Sí, es igual y ahí está ella! Es como me contaste.
Los ojos de la abuela brillaron cuando reconoció a su abuela Cloromila . Pareciera que ambas se comunicaban sin hablar. Elena movió la cabeza y Cloromila le respondió con el mismo gesto.

Luego Cloromila camino hacia el otro lado de la luna. Pasaron unos minutos y regresó con un ovillo de una cuerda muy brillante , se detuvo en el borde y la lanzó a la tierra.

A medida que descendía se hacia más y más pequeña hasta desaparecer en la ventana del dormitorio de Elena.

Anita abrió la ventana para tocar la cuerda y encontró una estrella del porte de una pepa de sandía. La niña la desató suavemente y se la mostró a su abuela.
¡Ohh! , es tan linda y pequeñita , como la que me dio mi abuela Cloromila- sus ojos reflejaban recuerdos de la niñez.
Es para ti. Tú sabrás que hacer con ella. Ahora tengo que descansar.

La nieta la tomó de la mano para llevarla a la cama y cuando se aseguró que su abuela estaba cómoda, se sentó en una silla cerca de la ventana y observó por largos minutos a la luna. De repente se le iluminó la cara y dijo:
¡Ya vuelvo!
Corrió a la cocina y sacó de la despensa su caja de cereales de estrellitas. Las vertió sobre un plato. Abrió el cajón donde se guarda todo lo que no tiene lugar y encontró un carrete de hilo.
Entonces, con la misma dedicación con que un gusano de seda fabrica su capullo, se sentó y sobre la mesa de la cocina comenzó a hilar uno a uno los cereales hasta hacer una larga cuerda.
Cuando no quedaba ningún cereal, ató a una punta su pequeña estrella. Luego empujó silenciosamente la puerta del dormitorio. Encontró a Elena dormida y amarró un extremo de la cuerda de cereales a la cuerda que aún colgaba de la luna y el otro extremo lo dejó sobre la mano de su abuela.
En ese momento la abuela despertó, abrió los ojos y con esfuerzo mostró una dulce sonrisa.
Anita tomó aire y mirándola dijo:
¡Es para tí, Abue para que descanses!
Mi niña, gracias ¿Sabes hace muchos años yo hice lo mismo pero con botones?
Y en ese momento la estrella que tenía en su mano se iluminó y todas las estrellas de cereal se elevaron invitando a la abuela Elena a subir al cielo.
Y así Anita, en las noches de luna, se sienta junto a su ventana a saludar a su abuela Elena .


Texto : Antonella Reveco

Ilustración: Valeria Zucchini

4 comentarios:

Ali dijo...

Una nueva delicia, en perfecta sintonía cuento y dibujo...

Graciela dijo...

Qué bueno sería si los seres humanos llegaran a entender y a aceptar la muerte con tanta belleza y serenidad como la que se transmite en esta pequeña y sabia historia!!!
Como siempre, aquí encuentro nuevos tesoros.
Muchas gracias por el link!!!
Con afecto,
Graciela.

Arantxa Carceller dijo...

Vaya que historia tan bella, y las ilustraciones son muy hermosas...

PD: Coni Salgado, te envié un e-mail que no sé si recibiste, por si acaso te digo que el título del cuento es Nakatu MIndi y os digo Ok a la publicación en la web, gracias por contar conmigo, merci.
Saludos, Arantxa Carceller.

María Mercedes Córdoba dijo...

Excelente relato sobre el amor desprendido. Pleno de dulzura tanto el relato como el dibujo.