viernes, 16 de mayo de 2008

El dinosaurio solitario

En un lugar lejano y escondido del bosque vivía un dinosaurio solitario. Aquel dinosaurio era como aquellos de su especie, grande, verde y con un largo cuello con el que alcanzaba las hojas de los árboles, su alimento favorito. En aquel lugar donde habitaba tenía todo lo que necesitaba para vivir agua, comida, un lugar en el que podía descansar y otro para tomar sol, pero sentía que le faltaba algo.

Un día, mientras descansaba después de un gran banquete de hojas, tuvo una gran idea, pensó que aquello que le faltaba estaba en otra parte, el lugar que habitaba era amplio y cómodo, pero estaba muy solo y vacío, allí no tenía nadie con quién jugar, ni hablar, ni compartir las deliciosas hojas de los árboles, quizás si caminaba por el bosque encontraría otros animales que le hicieran compañía.

Así comenzó a caminar, caminó y caminó, largas horas, hasta que por fin, después de mucho caminar escuchó unas voces. Emocionado se asomó entre los árboles y vio con alegría a unos pequeños conejos que saltaban mientras conversaban.
Hola!!! - les dijo el dinosaurio-.



Los conejos lo miraron con asombro, nunca habían visto nada igual

- ¿Y tú qué eres? – respondió temeroso el conejo más pequeño
- Soy un dinosaurio – respondió orgulloso.
Los conejos se miraron entre ellos y rieron a carcajadas
- ¡Un dinosaurio! Los dinosaurios no existen – exclamaron-.
- ¿Cómo que no existen? – preguntó el dinosaurio - ¡si yo soy un dinosaurio!
- Imposible –declaró el más sabio de los conejos – los dinosaurios se extinguieron hace millones de años, tú no puedes ser un dinosaurio.
- Y si no soy un dinosaurio, entonces ¿Qué soy?
Otro de los conejos se acercó, lo observó bien y dijo: - Por tu gran tamaño debes ser un elefante.
- ¡Sí, debe ser un elefante! –gritaron en coro los conejos.
Y dicho esto partieron saltando.

Una vez solo, el dinosaurio se quedó pensando, él conocía a los elefantes y no se parecía en nada a ellos, los elefantes eran grandes sí, pero también tenían colmillos y unas enormes orejas y además eran grises.
Pero tuvo una idea y si se ponía unas enormes orejas y unos colmillos, a lo mejor así parecería un elefante y podría tener los amigos que tanto deseaba. Fue así como el dinosaurio se construyó unas enormes orejas y unos colmillos y fue a buscar elefantes.



Volvió a caminar, los elefantes no eran fáciles de encontrar, siguió sus huellas, se adentró en la sabana, hasta que por fin llegó hasta donde quería, el lugar en donde habitaban los elefantes.

Se escondió detrás de las ramas y miró como los elefantes jugaban en el agua, ¡se veían tan felices! Como deseaba ser uno de ellos, decidió entrar en el agua como si fuera un elefante más, si lograba actuar como elefante, quizás no se darían cuenta de que era un dinosaurio.

Pero mientras se adentraba al agua los elefantes dejaron de jugar, lo miraron asombrados, todos en silencio, hasta que uno de ellos estalló en risas.

- Jejejejeje – y al mismo tiempo, rieron los demás elefantes – jajajajaja !
Mientras reía exclamó uno de los elefantes – ¿Qué eres tú? ¿Por qué llevas esas orejas tan ridículas?
- Soy un dinosaurio, solo trataba de parecerme a ustedes
Al decir esto, los elefantes se miraron y rieron aún más fuerte.
- Ni eres un elefante, ni puedes ser un dinosaurio – dijo el elefante más viejo – los dinosaurios ya no existen.
- Pero yo siempre he sido un dinosaurio – dijo – y si no soy un dinosaurio, ¿Qué soy?
- Quizás – dijo otro elefante – eres una jirafa, tienes el cuello largo, debes ser una jirafa.
- ¡Sí! –dijeron en coro los elefantes – debe ser una jirafa.
Y siguieron jugando sin prestarle atención al dinosaurio

De nuevo el dinosaurio estaba confundido, el sabía que las jirafas tenían el cuello largo, pero también tenían manchas cafés y eran amarillos, él en cambio era verde y no se parecía en nada a una jirafa.
Entonces partió en busca de las jirafas, quizás si se pintaba de amarillo y café ellas si lo aceptarían… pero se repitió la misma historia, las jirafas también se rieron de él y no le creyeron cuando les confesó que era un dinosaurio disfrazado de jirafa.

Desconsolado el dinosaurio continuó su camino, nadie le creía que era un dinosaurio, pero tampoco nadie quería ser su amigo cuando trataba de parecerse a los demás.

Así caminando sin rumbo llegó a un pequeño valle donde se escuchaban risas y canturreos, el dinosaurio se asomó tratando de esconderse y logró ver que se trataba de un grupo de niños jugando entre los árboles. Tuvo ganas de salir a encontrarse con ellos, pero se detuvo, sintió miedo de que se volvieran a burlar de él y le repitieran que no era un dinosaurio decidido a darse la vuelta e irse un niño se acercó a él por detrás, lo miró con ojos grandes y curiosos y le preguntó
- ¿Quién eres?
El dinosaurio se sorprendió, esperaba que desde su escondite nadie lo pudiera ver, no sabía que contestar, temía que si decía que era un dinosaurio el niño se reiría de él, pero tampoco sabía que decir, así que dijo la verdad
- Soy un dinosaurio –
- Un dinosaurio, dijo el niño emocionado, así que llamó a los otros niños Vengan, vengan, hay un dinosaurio.
Los demás niños se acercaron y lo miraron sorprendidos. El dinosaurio solitario no podía creer lo que estaba pasando, los niños no se habían burlado de él y estaban emocionados al verlo. Por fin uno de los niños preguntó:
- Quieres jugar con nosotros? -
Y el dinosaurio contestó:
- Desde hace mucho tiempo estoy esperando que me hagan esa pregunta.

Así el dinosaurio consiguió los amigos que tanto había buscado y mientras hubiera niños en el mundo nunca estaría solo de nuevo.




Texto: Mallé Westinner

Ilustración : Eugenia Suárez

4 comentarios:

Ali dijo...

¡¡Completamente encantador!!

John dijo...

Me gustó mucho tu cuento Mallé. Encuentros y desencuentros en las diferencias, el puente simbólico del juego y la incorporación de lo nuevo-antiguo-fantástico en nuestras relaciones, son temas hermosos y reivindicativos de la vida en su rostro más luminoso. Gracias por compartirlo. Mis respetos y admiración también a la ilustradora, cuyos dibujos me generaron ternura y alegría.

Ivoncita dijo...

Cori y yo lo le'imos juntas. Todo el tiempo te imagin'e cont'andoselo a tus chamos. Muchas gracias. A veces estamos un poquito solitarias, pero buscando bien, siempre se encuentran unos buenos amiguitos con quien jugar. No creo que estemos extintas, aunque a veces nos sintamos un poquito diferentes. Te uqremos mucho

Pau dijo...

EL CUENTO ES REALMENTE MUY LINDO... LAS ILUSTRACIONES SIN PALABRAS!!! SOS UNA GENIA EU!! MERECES EL MEJOR LUGAR!! TE AMO!!